Fusión

Posted by on June 22, 2012 in Cuentos/ Short Stories | 0 comments

Por: TIRESIAS

 

Al Peatón, del Observador

El CD hizo un silencio y volvió al comienzo. El ojo reanudó su viaje al centro del disco, lentamente, oscilando en torno al vacío redondo, rotundo. Pero la música viajaba por otro plano: arriba en un nivel desconocido. Élla, con las nubes altas, el aire liviano, el rocío y el canto del pitirre, caían sobre la telaraña fina de la madrugada. El escritor, sin embargo, pensaba con su café y y espejuelos de marco pesados sentado frente a su escritorio enorme de úcar.

Con un gran exhalo, se reclinó del espaldar de su silla. El humo lo encerró en una media luz. Su mirada fija en lo que yacía frente a él. Frotó su ceño y volvió a acercarse al escritorio. “Tap – tap” sonó. Se rascó la barba y dijo: – Bueno… El humo giraba a su sien, así como el engranaje en el interior, lento y fijo. Volutas titilaban. En su mente, el margen entre lo real y lo fantástico se valía de un desvanecer. Las ideas iban y venían. El aleteo de su mano lo volaba todo.

“Tap – tap” volvió. El escritor acarició el costado de la libreta, así tal vez calmaba su ansiedad. Miró el reloj en la pared a su derecha (aunque ya supiese la hora) y le confirmó que le quedaba poco. Volvió su mirada a las palabras vagabundas, a las notas y restos de páginas arrancadas. “Tap – tap”, la ceniza cayó y la gota también. Circular y pequeña, no obstante, fascinante en su perfección. Era así como un lunar redondo en una cutis impecable. Estaba ahí y simplemente lo atraía todo.

La concentración del escritor resbaló y cayó por aquel hoyo. Vio los personajes y la trama construirse por si solos. En cambio, su pluma permanecía mojada y dejaba gotas aquí y allá. Nada se formaba. Él no sabia donde comenzar, donde crear y desarrollar al verbo. Las ideas volaban como sueño real, más, él continuaba siendo espectador. Tan solo miraba al circulo abrirse con su pluma mojada. Pintas esparcidas, riegos bochornosos. “Tap – tap” de nuevo.

Por fin decidió dejar la mano correr, cuchichear. Iba corrido, alimentándose de la memoria o de un protocolo tal vez. El papel lo sostenía todo, complaciente. Poco a poco, las formas fueron divisándose en la oscuridad. Ánimas ya respiraban en el papel. El segundero y la pluma fueron dando forma, tallando la forma y afinando las voces. Todo de acuerdo a su plan. El papel coqueteaba con sus ideas e intenciones pero la maña del barbudo lo vencía.

Desde el principio fue una batalla con un ganador nombrado. Él tenia la pluma y la tinta, el poder. Cuando lo eligió, cuando lo acorraló, el papel tan solo podía provocar con su misterio e introducir su propio diseño entre las pausas y descansos. En los momentos que el escritor pausaba a recobrar su paso acelerado, el papel intentaba dejar un punto final y el espacio. El blanco y el entre lineas. En fin, ya para cuando el cielo aclaraba, ambos yacían desparramados sobre el escritorio. Los trucos y las trampas permanecían en el suelo agotadas, no quedaba carta por jugar.

“Tap – tap” Él escritor sacudió lo que quedaba del cigarrillo sobre el cenicero y volvió a mirar al papel: estaba el texto completo. Releyó y sonrió en satisfacción: – No está mal. Se reclinó del respaldar y fumó una última vez. Tan largo el inhalar en la entre-luz del amanecer. La gota bajó del ceño y ahí, con ojos entrecerrados, vio: los personajes le sonreían. Ofreció una media sonrisa. Ambos se contemplaban satisfechos, empapados en ese sudor que deja el goce. Pero su media sonrisa, en poco tiempo, desapareció. De nuevo, su concentración resbaló y cayó en el agujero de aquellos ojos. El espacio circunscrito por su tinta. Tinta que bordeaba y daba forma, forma a su forma. Entendió qe todo aquello era su tinta, mirándolo y nada mas.

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