Al referirse al poemario Animal fiero y tierno, Joserramón Meléndez puntualiza que cada verso que compone el texto es un poema. A esto, Irizelma Robles añade que cada verso de Angelamaría Dávila es una eternidad. Y parece ser que Animal fiero y tierno es una eternidad compuesta de regiones: “frontera con el aire”, “mundo musgo, angelita”, “la cólera correcta” y “este montón de cosas”. Se trata de regiones que habitan al interior de la voz poética y por las cuales ésta se desplaza en aras de articular su canto poético. Las dedicatorias del texto resultan reveladoras: la primera, una autodedicatoria, la voz poética se consagra como “[…] la amorosa/ que busca entre las bestias/ la fuente de su estirpe”, mientras en la segunda hay un retorno a los orígenes en la medida en que nombra a las mujeres determinantes en su devenir poético. Su abuela, su madre, Sylvia Rexach, Julia de Burgos y Lolita Lebrón figuran como las mujeres que engendraron la ternura y fiereza que se conjugan en la voz poética....
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